| La justicia española deja en libertad al escolta del PP que tiroteó a dos personas |
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| martes, 02 de septiembre de 2008 | ||||||
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La misma justicia que encarcela y dicta altas penas de prisión contra numerosos ciudadanos vascos por su militancia en asociaciones y partidos políticos, dejó en libertad el pasado sábado, sin abonar fianza alguna, al escolta del PP que el viernes al mediodía sembró el pánico en la estación de Abando. El trabajador tiroteado continúa en el hospital. Según informa GARA en su edición de hoy, el titular del Juzgado de instrucción número 6 de Bilbo dejó en libertad al escolta de un edil del PP de Portugalete que protagonizó el pasado viernes un tiroteo en plena estación de Abando. El guardaspaldas fue puesto en libertad 24 horas después sin abonar ninguna fianza y con cargos que se desconocen al no haberse hecho público el auto. R.C.J., de 31 años, fue detenido en el lugar de los hechos por la Ertzaintza acusado de disparar contra un vigilante de seguridad y herir también a uno de los numerosos viandantes que frecuentan a diario ese lugar. A pesar de la gravedad de los hechos y de que éstos se produjeran en un lugar tan concurrido como la estación de Abando, el asunto ha sido minimizado en la mayoría de los medios de comunicación y la única información que ha trascendido desde el viernes fue la enviada el domingo por la Ertzaintza, que indicó que la tarde anterior R.C.J., de 31 años, fue puesto a disposición judicial. La cadena de condenas, las concentraciones de repulsa y los actos de solidaridad tan habituales en otros casos tampoco han existido en esta ocasión, a pesar de que el tiroteo dejó dos heridos de bala. Vigilantes con porras El mutismo también ha sido absoluto por parte de los portavoces de las formaciones políticas y el único que ayer se refirió al asunto fue el alcalde de Bilbo, Iñaki Azkuna, quien aportó su particular visión de lo ocurrido y cargó la culpa del tiroteo a que el vigilante de seguridad llevara encima una pistola. Sin embargo, fue el escolta del concejal del PP de Portugalete Santiago Pérez el único que utilizó su arma. Azkuna preguntó «por qué en una estación tiene que haber gente con pistola» y expuso como argumento que los vigilantes «no van a empezar a tiro limpio en un lugar lleno de gente». Y añadió que «lo que tiene que haber es menos pistolas en la calle» porque «si llevas la pistola, llevas la tentación». Aseguró que los vigilantes del Ayuntamiento no llevan pistolas, sino porras, y recalcó que «tiene que existir buena comunicación entre la Policía y los guardas de seguridad» ya que, si pasa algo que los vigilantes no pueden solucionar con la porra, la Policía se debería presentar en el lugar de los hechos en pocos minutos. A pesar de las manifestaciones de Azkuna, la Ertzaintza dejó claro en las informaciones difundidas el viernes que fue sólo el guardaespaldas de Pérez quien disparó con su pistola. Escolta y vigilante jurado, por motivos que se desconocen, se habrían enzarzado en una acalorada discusión que fue subiendo de tono y terminó, como relataron algunos testigos, con ambos empuñando sus armas. A partir de ahí, el escolta disparó hiriendo en el hombro y la pierna izquierda al guarda jurado y a otra persona que transitaba por una zona próxima a las escaleras de acceso a los andenes. Esta segunda víctima recibió un disparo en el brazo, con entrada y salida de bala. El grave incidente del viernes se produce en un contexto marcado por el alto grado de militarización que registra Euskal Herria, con un ratio de 11,23 agentes armados por cada 1.000 habitantes, uno de los más altos de la UE, frente al 3 por cada 1.000 que recomienda la ONU. El trabajador herido continúa hospitalizado César C., de 36 años, el vigilante de seguridad de la empresa LPM que se enfrentó a un escolta el pasado viernes en la estación de Abando, recibió dos balazos: uno en la pierna izquierda, con orificios de entrada y salida, y otro -el más grave- que le penetró por el hombro mientras caía al suelo y, tras rozar un pulmón, quedó alojado en un costado hasta que le fue extraído. Sigue ingresado en el hospital de Basurto, donde se recupera favorablemente. Según su testimonio los dos escoltas armados del concejal del PP de Portugalete se rieron de él antes de coserle a tiros. Cuando bajaba las escaleras mecánicas, uno de los guardaespaldas sacó su pistola y la montó. Según el relato de César, el escolta se colocó entre varias personas que estaban en la terraza de un restaurante cercano al andén, donde se encontraba sentado su protegido, y desde ahí le empezó a disparar. En total, según los testigos, se efectuaron seis disparos, de los que dos alcanzaron al uniformado, un tercero a un viandante en un brazo, y las otras fueron balas perdidas.
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