| Situación de excepción |
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| jueves, 14 de agosto de 2008 | ||||||
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En los últimos meses han vuelto a repetirse situaciones que dejan en evidencia la ausencia absoluta de libertades civiles y democráticas. El PSOE, en su camino de cercenar aún más si cabe las libertades y derechos fundamentales, ha dejado pequeño al PP escudado en la "alarma social" artificialmente provocada por medios de comunicación, para quienes la mentira y la manipulación son la base de sus publicaciones -aquellos que todavía se empecinan en atribuir a los vascos responsabilidad en la trágica masacre del 11-M- y asociaciones y fundaciones extremistas de dudosa condición democrática, generosamente subvencionadas con el dinero de todos los contribuyentes. La ilegalización continua de partidos políticos, la construcción descarada de imputaciones para impedir la excarcelación de los presos que han cumplido la totalidad de la condena, las escuchas ilegales a medios de comunicación -como la descubierta por el diario GARA- el seguimiento, espionaje y acoso continuo y diario a ciudadanos vascos por el mero hecho de ser independentistas, abertzales y de izquierdas, los malos tratos a los detenidos, el incremento de los juicios políticos contra organismos y asociaciones públicas, conforman un largo etcétera que evidencian la aplicación sistemática de un estado de excepción a cerca de un 20% de la sociedad vasca. Mientras esto sucede con total impunidad, partidos vascos que se autoproclaman "democráticos" miran para otro lado, cuando no participan activamente en la violencia de persecución a la que el PSOE somete al 20% de la población, caso del PNV. ¿Qué clase política es esa que ante semejantes atropellos, propios de regímenes autoritarios, únicamente se preocupa de mantener sus escaños, su cuota de poder y de negocio? Detrás de la maniobra mediática de la consulta de Ibarretxe, un mero sondeo sin consecuencias prácticas, según sus propios impulsores y que no llegarán a materializar, se esconden únicamente intereses electorales y de partido. No tienen intención de hacerla realidad porque, fundamentalmente, el PNV no tiene voluntad alguna de recuperar la palabra y la capacidad de decisión de la sociedad vasca, no tiene voluntad alguna de, en definitiva, superar el actual conflicto político. Basta leer o escuchar a Azkuna o a Jose Luis Bilbao para darse cuenta de que el negocio y mantenerse en la poltrona es la única prioridad ahora de los jelkides. Lo demostraron en las recientes conversaciones de Loiola. Aquella fue la mejor oportunidad que ha tenido este país para alcanzar una paz justa. La resolución del conflicto estuvo a punto de alcanzarse con las yemas de los dedos. Y el PNV de Urkullu, Ibarretxe y Egibar hizo uno con la estrategia de guerra del PSOE y la negativa a reconocer el derecho a decidir que le corresponde a la sociedad vasca. No es momento de jugar con las ansias de paz de Euskal Herria. Es momento de actuar con responsabilidad. Son demasiados años de negación de derechos fundamentales, partición, dolor y sufrimiento como para tener que aguantar un nuevo fraude que prolongue el conflicto 30 años más. Ha llegado el momento de responder a la demanda de cambio de la ciudadanía. Ha llegado el momento de sentarse todos, sin exclusión alguna, y acordar unas reglas de juego que permitan que todos los proyectos posibles -unionista, autonomista, federalista e independentista- se puedan materializar si la ciudadanía vasca así lo desea en las urnas. Y en este camino, necesario para conseguir la paz, iniciativas electoralistas y de despiste como las de Ibarretxe, el PNV, EA, IU y Aralar son solo acarrean la prolongación de la violencia y sufrimiento por 30 años más. La sociedad vasca no demanda ni un nuevo estatuto ni unas pocas competencias más. Unicamente quiere libertad, democracia y paz.
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